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viernes, 29 de noviembre de 2013

Día de las librerías

Entre los carriles de las vías del tren, crecen flores suicidas.
Ramón Gómez de la Serna

La banalidad en la literatura llegó con la modernidad literaria de principios del XX, a grosso modo, como producto artesano de manos de Mrs. Woolf. No importa el tema, miremos la forma. No el qué, sino el cómo. El vómito de vida sobre el papel. Obviamente, tal soporte de escritura no tenía nada que ver en esto, pues no contaban con ningún medio más.
La banalidad en la litertura de la posmodernidad ha llegado, tal vez, con el e-book... only if we can't see past the end of our nose. La herramienta, el utensilio, no es el cómo -igual que para no lo fue el papel para el grupo de Bloomsbury. Éste no puede ocupar el lugar de un Complemento Circunstancial de Modo - para eso están los movimientos literarios, las corrientes, las tendencias,... Como mucho, un desconocido Complemento Circunstancial de Instrumento que intenta ascender a la alta posición de Sujeto-Tema. En tal caso, si un autor hablase sobre el soporte que utuliza a la hora de esculpir su obra, podríamos hablar de literatura informática o metainformática, de la informática como tema literario,...No cabe ni siquiera incluirlo en una hipotética reformulación del debate forma vs. fondo, 3.0

La banalidad en (y no de) la literatura posmoderna no ha llegado, pues, con el libro digital como nueva experimentación del interrogativo cómo en el siglo XXI, sino con la experimentación elevada a la enésima potencia por parte de ciertos escritores ya en los años 60. Ejemplo: el grupo OuLiPo ("Ouvroir de littérature potentielle" --> "Taller de literatura potencial"): puesta en práctica de las teorías deconstruccionistas del amigo Dérrida. Volvemos al leguaje como puzzle o rompezcabezas, el arte combinatorio de la permutación y la variación empleada por los músicos rusos ya en las Vanguardias históricas; el vestido de gala con el que salen a escena las vedettes Teoría y Crítica de la segunda mitad del XX. Banalidad como tema tratado en manos de la experimentación y los juegos del lenguaje - ¿acaso el siglo XX es algo más que eso?: George Perec, Italo Calvino, Marcel Duchamp o Raymond Queneau, entre otros muchos.

La banalidad en la literatura es una cosa; la atrofia del órgano lector, otra muy diferente. La banalidad en la cultura es algo, además de mal entendido y considerado, diametralmente opuesto a la banalidad de las mentes que conforman esa cultura -tanto como paisaje/paisanaje-, aunque grandes voces se empeñen en diluirlo todo en una sombra llamada "sociedad del espectáculo". Amazon, Google Books, Yahoo!, Apple y demás marcas que nos hacen agonizar en la cultura del consumismo exacerbado, nadan en el medio digital de ese mercado. Si bien es verdad que éste condiciona la cración literaria actual -de ahí el neoboom con los Best Sellers-, estas empresas-que-construyen-ebooks-que-se-creen-algo ,no tienen, ni de lejos, el gran privilegio de ser temas o leitmotivs en ninguna obra literaria hasta ahora.
Necesitamos más perspectiva - más tiempo y espacio, más apertura de mente y de normas canónicas - para afrontar y adaptar lo mejor de nuestra cultura literaria a esta nueva etapa del arte: saber aceptar como tal los mash up, la narrativa tecnológica, la narrativa híbrida, los hipertextos, etc. Al fin y al cabo, el gran especialista en pastiches y collages fue James Joyce en 1922... Y miren la que lió presentando al nuevo Ulises envuelto en una manta cosida con los retales que quedaban de Tradición...

Felíz día de las librerías y los libreros.

lunes, 21 de octubre de 2013

De-forma

En poesía, la forma va por dentro. JRJ
En música, también. A. M. Molina.

A fin y al cabo, poesía es ritmo, palabra y música atrapadas bajo la forma o gracias a ella, forma que canta y cuenta. A. Machado.

Apre(he)nder una lengua mediante el ejercicio lector es desarrollar un instinto de detective: qué misterios hay en cada una de esas formas – que llamaremos palabras – desconocidas presentadas por primera vez; acabar con la incertidumbre que la hace extraña a ella y desconfiados a nosotros. Apre(he)nder una lengua mediante el ejercicio lector es abrazar esas formas como queriendo desabrochar el sujetador del ser deseado; la liberación del anillo de hierro (G.A. Bécquer) para que se desparrame sobre la mesa derramando todo su significado abrupto y pulible, arcilla maleable sobre la mano izquierda, que es la que moldea desde dentro. Pero, ¿se puede tener a la forma sólo como a una argolla del significado? ¿Es, pues, estanca o busca restallarlo desde dentro para dotarle de nuevos contextos?

Un ejercicio para ver esta cuestión de-forma son los Diarios de Colón (dejemos de lado cualquier tipo de interpretación que del texto se haga basándose en la demagogia política actual. Aquí sólo literatura y hombres). Monólogo-desvarío, pues, de quien se topa con lo inesperado, con un ente oculto al individuo que va más allá, tentando; como uno mismo atrapado en un cuento de ciencia ficción: visión de palmeras sevillanas en los montes venezolanos. Casi un surrealismo realista.
Ante esa nueva realidad, maravillosa, el léxico diario del hombre se agota en sí mismo, se ve sobrepasado por aquello que ven los ojos más allá de sus narices. Se pierde el sentido y substancia del lenguaje conocido a causa de la novedad y la otredad de, en y a través de la experiencia. Estamos, de nuevo, con lo que la literatura moderna dio en llamar “incomunicación o incapacidad de expresión del lenguaje” y la consecuente deconstrucción del mismo – preguntarle al hombre porqué es hombre o al lenguaje porqué dicen lo que dicen de modo tan arbitrario. Debido a esta inhabilidad léxica aparece un hueco: en el vacío de las ropas gastadas e inservibles que revestían nuestra terminología básica sólo queda la percha – si seguimos con la metáfora –,  el frasco que mantuvo la esencia: la forma. Ésta permite, sin separarnos de nosotros mismos, re-inventar lo in-existente hasta ESE momento para NUESTRA realidad mental e imaginaria. Agarrar la realidad y darle – o darnos a conocer – otro perfil, hacerla poliédrica y mutable. Cuestionable y válido en su conjunto, porque eso recién contado ya es real gracias a que se ha verbalizado. Ya no es una idea: es un algo que existe. Como un escocés con falda en un pueblo de la Castilla profunda tocando la gaita, un marciano en busca de Gurb o tres barcos perdidos en mitad del océano. Colón, cuando levanta la vista y ve lo que ve, intenta describirlo empezando, de nuevo y sin saberlo, el verdadero viaje: el periplo lingüístico y léxico. Durante aquel ejercicio de escritura no era más que otro lector enfrentado a una nueva realidad que se le muestra y que él trata de re-crearla a través de la palabra. Un círculo perfecto donde caben realidad, ficción y re-creación mediante el poder de lo escrito.

Así, la novedad que supone comenzar a desentrañar la forma, ya sea de una visión o de una lengua extranjera, no es más -ni menos- que el enfrentamiento a la lectura de lo desconocido e indecible, de aquello que nos asusta por no tener realidad definida ni delimitada, siquiera por la palabra. El único descubrimiento positivo a celebrar fue, pues, el de la re-creación a través de las palabras del continente americano, que transmutaba aquella neovisión al ignorante hombre "de este lado del océano" hacia planos más reconocibles para él, ya apre(he)ndidos.

¿Podríamos decir lo mismo de la traducción? Hay quien dice - Consuelo Berges, "la voz de Stenhal"  en nuestra lengua - que la traducción es un género más de la literartura, como un tejido regenerado gracias a otro ya existente: 
«una buena traducción no debe de ser nunca una transposición. Es ya de por sí un género literario, porque si el autor pone el alma y el hueso, el traductor pone la piel». 

La traducción como un ente invertido, patasarriba, una tela dada la vuelta, reversible. La piel como forma, quizá, que dé nuevas realidades a aquello desconocido puesto a nuestro alcance. 

La forma, por tanto, va por dentro, muy al contrario de lo que se cree o se nos dice desde definiciones oficiales – configuración externa demolde en que se vacía algo… 
Que la forma va por dentro es, en definitiva, el único camino que tiene de no ser opresora (de-formadora) del fondo, sino su motivo de vida, expresión y desarrollo.

lunes, 14 de octubre de 2013

Pandora's box

Toparse con un viejo baúl cerrado e indagar su forma.
Ángulos rectos y cortantes delimitando su mundo y su poder, la fortaleza con alabarderos, arqueros y retaguardia. Dibujos y cenefas que lo envuelven como un regalo del día de Reyes, como las serpientes, curiosonas, de una historia interminable, del eterno pecado que baja y esposa las manos de Deseo y Saber. Bisagras que abrazan, indispensables, los contrarios como amantes. Cerradura, ojo de espía incesante, asomado con lujuria a la tierra prometida. Candado, el silencio de un libro cerrado, de una boca callada con un dedo índice, la meditación tras la indagación, la investigación de las palabras que crean un mundo como caminos a base de pasar por ellos. Un pequeño universo estampado en ángulos, dibujos, cenefas, bisagras, cerradura y candado. El Aleph de un pequeño Bastián.  Leer en un cofre sus secretos más inmediatos, quedarse con la forma, atraparla y domarla para hacer tuyo el fondo, el contenido, el alma.
Apre(he)nder una lengua.

martes, 8 de octubre de 2013

La sombra de Hitchcock es alargada: ecos en Sjöwall-Wahlöö y Castle.


- Señora Andersson, ¿nos podría enseñar ese balcón?

Observaron el balcón. El piso al que pertenecía parecía tener sólo dos ventanas a la calle, una más grande al lado del balcón y otra más pequeña.

- Señora Andersson, ¿ha visto a ese hombre recientemente?- preguntó Martin Beck.


Rear window  (A. Hitchcock 1954)

Kollberg descubrió unos prismáticos, colocados entre las macetas. Los cogió y los dirigió al edificio de enfrente. La puerta del balcón y las ventanas estaban cerradas. Los cristales reflejaban la luz y no se podía discernir qué había al otro lado, en las habitaciones oscuras. 


The lives of others
( capítulo especial nº 100 de Castle, 1 abril 2013)



- Esos prismáticos me los dio Rutger - dijo la mujer (...) Suelo mirar a ese hombre con los prismáticos. Si se abre la ventana se ve mejor. No crean que soy una persona curiosa ni nada por el estilo, lo que pasa es que me operaron de una pierna y fue entonces cuando descubrí a ese hombre. Quiero decir, después de la operación. No podía andar y el dolor no me dejaba dormir. Así que me quedaba aquí, junto a la ventana..."

M. Sjöwall y P. Wahlöö, El hombre del balcón (Mannen på balkongen, 1967) p. 213 
RBA SerieNegra.


Y de aquí que la curiosidad siempre acabe por matar al gato...
(The Wrong Man, 1956)


miércoles, 25 de septiembre de 2013

L'home que només menjava magdalenes

La tardor, dona dels vespres, de les primeres hores de la nit que se'ns arriba  indicant que, excepte per a ella, potser sigui ja massa tard, que caminem cap al hivern, a la foscor dels dies - dels nostres dies-, cap a la fi, al fi, que no és sinó el tornar a néixer amb la llum de la llunyana primavera...


Demà serà una cançó.

Animal de records, lent i trist animal,
ja no vius, sols recordes. Ja no vius, sols recordes
haver viscut alguna volta en alguna banda.
Felicitat suprema, l'hora d'escriure els versos.
No els versos estellats, apressats, que escrivies,
sinó els versos solemnes -¿solemnes?- del record.
Et permets recordar amb un paisatge i tot:
les butaques del cine, el film que es projectava,
del que no vàreu fer gens de cas, està clar;
i evoques l'Albereda, les granotes del riu,
les carcasses obrint-se en el cel de la fira,
tota València en flames la nit de Sant Josep
mentre fèieu l'amor en aquella terrassa.
Animal de records, lent i trist animal,
ara evoques i penses la carn fresca i suau
per on les teues mans o els teus besos anaven,
la glòria d'unes teles alegres i lleugeres,
els cavallons de teules rovellades, la brossa
que creixia, adorable, de sobte, entre unes teules.
Animal de records, lent i trist animal.

Vicent Andrés Estelles
Llibre de meravelles, 1971

lunes, 26 de agosto de 2013

Verano fenicio (VIII): desde Castilla no se ve el mar.

El problema no eran las velas de cumpleaños, ni responder que lo único que pasaba era el tiempo; ni siquiera el hecho en sí de envejecer. El verdadero problema era notar todo eso en los demás. Como fiel espejo de un ignoto Dorian Gray, el lento peldaño que se ascendía, poco a poco, casi imperceptible, en aquel rincón del planeta no se echaba de ver hasta que alguien entraba en su tienda y, amablemente, le pedía un paquete de tabaco. Y esto, que puede parecer una gran sinrazón, obtenía toda lógica cuando el más pequeño cambiaba, a la par que los pañales, el paquete de pipas por el de picadura, papel y filtros. No le daba miedo, pues, que los remanidos bastones dejaran de pasear, como pobladores pasajeros, por delante de su puerta, que era el cuadro de sus costumbres. Ni tan solo el hecho de que, abandonados, acabaran acompañando, legítimos en su apoyo, a su dueño durante el último paseo. El terror, como se imagina y concluye aquí, era la vida, la nueva savia que daba tarea a la Parca con nuevas cuerdas, mientras que la de su reloj cada vez estaba más gastada de dar, sempiterna, el paso a paso que subía la escalera del almacén. En resumen, se aprecia que el reloj de muñeca que había lucido, en tiempos, una esfera bañada en oro era ahora un quejoso reloj de pared, de madera abierta y apoltronada, como él en su sillita cada noche al cierre del negocio. Pensaba en ello, acurrucado en una manta áspera que le abrigaba más en verano y que en el invierno. Revolviendo la sopa de pan y leche, sin dar en otra razón más que en la de quedarse traspuesto con un es ley de vida por cojín entre la oreja y la mano izquierda hasta la mañana siguiente, cuando le venía a despertar y recordar que ahí seguía el gallo del Paulino...

miércoles, 21 de agosto de 2013

Crónicas de Sansueña. Reflexiones de una lagartija al sol.

Es éste resultado de Modernez
cuando al hombre escarnia.

Calle arriba, calle abajo
corre el loco sin sentido.
- Ah, mi tiempo querido,
ah, de aquestos andrajos.

¡Pardiez, que estoy malherido!
¡Voto a tal, si se ha esfumado!
Ni gocé lo que me ha dado
ni sufrí lo bien vivido.

Triste azar es el de hogaño
que sin cartas jugar piensa:
eligir si andar a tientas
o tentarnos al Engaño.


jueves, 8 de agosto de 2013

Tiempo de verbena. [Verano fenicio (VIII)]

De chulus, chules y otras verbenes desde Catalunya.

video

Verbena en una conocida calle del centro de la capital. Farolillos, ruletas y demás adornos típicos de las fiestas populares. Se adivinan, por las voces infantiles, una noria y unos caballitos. Al fondo, pasodobles, chotis y demás música de organillo. Parejas bailando. Niños tirando petardos. Griterío y jolgorio. Olor a gallinejas, entresijos y calamares. Vasos de limonada y sangría amontonados en papeleras. Calle arriba y abajo, barquilleros, puestos de juguetes de lata y cucuruchos de altramuces, pipas, patatas y cacahuetes. Se centra el cuadro en uno de los mostradores de tabaco y trileros debajo de las farolas. Mirada cojitranca de un par de serenos al ciudado del buen orden y policía del barrio.

Manolo - ¿Qué repiensas tanto, mujer?
Justa - A ver dónde habré puesto yo la baraja cartas, hermoso.
Manolo - ¿Pa echarle un envite a alguien, bella estampa ?
Justa - Pa a ver si doy un buen corte, pendón verbenero.
Manolo - ¿Con la baraja de póker? Mira que el as de corazones ya ha salido...
Justa - Con la baraja de cantarte las 40.
Chupito - Un paquete de a 15 picao p'al Cosme...
Manolo - Cuidadito con la caballería, que se revuelve...
Justa - Sí, figura, sobre todo si sacan las espadas.
Manolo - Si esta noche ha de pintar, prefiero que pinte en copas. ¡O en oros!
Justa -¿Pa hacerte con un trébol de cuatro hojas?
Manolo - Pa hacerme contigo, diamante.
Justa - Dispense usted, no sabía que el gacholi era un Perejila... Y salía a por las damas...
Manolo - No te hagas la sota, niña...
Justa - Pues anda a quejarte a Fournier.
Manolo - ¿Por qué? ¿Salió mala la pinta?
Justa - Salió el arrastre.
Manolo - ¡Y la sota bastos!
Susana y Casta - (a la vez, murmurando desde la cera de enfrente) Duro con ella, que pace que le escuecen las indirectas...*
Manolo - No sabes el as de oros que te pierdes, bonita mía...
Justa - Atención a los faroles, que deslumbran a los congrios...
Manolo -  Si soy un tío con más quinqué... En llegando yo hago el capote, morena.
Justa -  ...y ya se sabe que de noche todos los gatos son pardos.
Josep- (sacándose la billetera)  ¿Te está costando un triunfo, eh, fullero?
Manolo  As de oros no lo jueguen bobos, piltrafa.
Josep - De todo tiene la baraja, valiente. 
Manolo - El mirón, mirar, pero sin chistar... 
Carme - Vecino, ¿le sería a usted igual tocarse las narices? Tengo la cabeza un tanto delicada...*
Serenos - (llegando calle abajo) Haya paz entre los burros. Que los ases sólo ganan a chica y a pares y aquí, además de grandecitos, ya son más de uno, ¡y más de dos! ¡Dispersión! 

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* Frases extraídas de Ruperto Chapí (1897) La Revoltosa, Escenas y Seguidillas. 

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  • Programa de fiestas para las Verbenas de San Cayetano, San Lorenzo y la Virgen de la Paloma. Madrid (28 julio -17 agosto 2013).


 


lunes, 5 de agosto de 2013

Verano fenicio (VII)

De verano et vacatĭone

Que se relaje el ritmo, el tiempo, es lo bueno de estas fechas.
Eso creo que es lo que significan conceptos como "periodo estival", "verano", "vaciones", etc. Porque no creo que sea casualidad (¡qué fácil es jugar a ser filólogo... desde luego, cuánto intrusismo laboral!). Decía no creo casual que el mes de agosto tenga su étimo, precisamente, en Augusto sin querer significar o remitir a una expresión tan grata como "a gusto" (1. según conviene, agrada o es necesario"). ¿No se lo creen? Agora lo veredes, dijo Agrajes...

Este punto de eterno presente que supone el mes de agosto y sus consecuentes vacaciones es un momento ideal para disfrutar de GRANDES PLACERES. Y perdonen el atrevimiento de las mayúsculas, pero ya van a ver como es así (en hashtag, etiqueta o tendencia #grandesplaceresdelavida). 

Igual que en invierno lo que apetece es hacer del sofá una madriguera y esconderse bajo una manta con el único fin de pegarse un atracón de series (a la par que de palomitas de maíz), ahora lo que te pide el cuerpo son hábitos distintos. Habiendo terminado ya los mundiales de natación y sentir que uno se refresca viendo esos maravillosos cuerpo atléticos en remojo, hay que buscarse otras rutinas. Montárselo uno por su cuenta y riesgo, vaya. ¡Y que la vida sea un eterno viernes! Porque es tiempo de jugar con los horarios y reírse del despertador, de paseítos nocturnos con bolsa de pipas Facundo "las mejor en todo el mundo" y botellín Bezoya (me ahorro la rima) en mano, o un Magnum en su defecto, de verbena y baile agarrao. En fin, de liarse la manta a la cabeza y exclamar a voz en grito ¡viva la madre que te parió! ¡el verano ya llegó!
Propongo así lo siguiente que se lee.

A la mañana, sin demasiada prisa, que ya sabemos que es mala consejera, desperezarse, prepararse un café y dejar que las ideas empiecen a aflorar en nuestra materia gris flotando ligeras, ideas-nenúfares, como lo hacen esos cachitos de galleta descuidados en la leche. Algo así como lo que dijo nuestro gran amigo y consejero ya en el siglo XV, el bueno de Jorge el Coplero: "Recuerde el alma dormida/ avive el seso e despierte". Que no todo son interpretaciones dramáticas...
Es momento de ponerse al día: encender el ordenador, repasar blogs, redes sociales, el periódico de la región, cosas sin demasiado compromiso, algo que bien caracteriza al españolito medio. Animarse a echar unos párrafos con el usuario desconocido que esté más a tiro al otro lado de la pantalla, imitando a la pareja de parroquianos del bar del pueblo; conversaciones donde el verbo hablar se convierta en sinónimo de escribir, redactar y hasta postear. Esta sociedad nuestra, hipermoderna, sufre de escrituritis. Ya nadie entiende qué es eso de recitar de memoria, contar cuentos, adivinanzas, refranes, ... Ubi sunt los cánticos, los romances, los florilegios y cancioneros!? ¡Qué cosa ésta la de la evolución del verbo y la letra! Scripta manent...

Se sigue la mañana con unas cuantas labores caseras; algunos, incluso, enhebrarán de la "parroquia" al súper, pero ya no con la pesada carga del aprovisionamiento habitual, sino con la alegría del mercado, el color de la calle donde se reúnen todas las frutas, el olor de las florerías, el griterío de las mercerías y tiendas de abarrotes. Merece la pena llevarse la cámara de fotos: nunca se sabe qué maravillas podemos encontrar entre los kiwis y las papayas, o los muslos de pollo y las criadillas para los amantes de lo truculento. 

A la vuelta, que lo venden tinto, la lavadora, la comida, el hacer las camas y el baño. Pero no tan así, nada del habitual fondo blanco-sábana del ama de casa invernal. Téngase en cuenta que la música de fondo es importante: en la radio, en el ordenador, en el Spotify o el Youtube, en los walkman, donde sea, una buena banda sonora. Propongo una de Motown 50: Jackson 5, Marvin Gaye, the Isley Brothers, Jimmy Ruffin, Martha&The Vendellas,..  Después o a la par, cocinarse un gazpachito con videoclip incluido (...menea, menea o perrea-perrea en la versión del Rodolfo Chikilicuatre...), una ensalada de pepino con pimentón o cualquier plato que conlleve el uso del mágico horno, ese bendito aparato en el que un ring significa que la comida hecha sin ensuciar nada.
[Como estamos de vacaciones y eso significa, en su cuarta acepción, "dignidad que está vacante", no te cortes: si te apetece, mírate La Ruleta de la fortuna mientras preparas el gazpacho -riesgo de acabar con el síndrome Almodóvar-, Amar en tiempos revueltos mientras pones el lavavajillas, o cosillas de éstas que mantienen, de una manera "sana", ese espíritu ochentero de nuestra televisión. Por favor, no confundir con otro tipo de barbaridades como Tele5. No se diga que llamo yo desde aquí a la escandalera pública o chabacana de la noetertulia televisiva].

Cafecito con hielo y ¡pareos a la mar! Rumbo a la playa más cercana con la crema y el libro en el capacho. Como insinuábamos al principio, ahora no se trata de grandes academicismos (prueba a leerte tú un compendio de ensayos sobre el  yo o la desconstrucción de la teoría socialista literaria rodeado de guiris playeros, servesa-biar, massage-massage, etc. ¡Que hay que decirlo todo!). Se deja, pues, a un lado la laboriosidad mental de manuales o gramáticas, entre otros mamotretos altaneros. Fuera cargas, fuera el libro gordo de Petete, es hora del placer: libros extensos o largas sagas de lecturas, como La montaña mágica, Rayuela, El quadern gris, Sobre héroes y tumbas, Moby Dick, Absalon,Absalon, Margarita y el Maestro,...  
Momentos de deleite con géneros ligeros como la novela negra de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, Georges Simenon, Agatha Christie, Raymond T. Chandler, Sir Arthur I. Conan... La Sci-Fi de Wells, Verne, Asimov, Stephen King, o aun cuentos de Unamuno (I promise!)....
Incluso, ¡qué coño!, es momento de darse el lujazo y ser infieles al buen gusto y consideración de lectores duchos con esos best sellers que no nos atrevemos a confesar delante de nuestro afamado público, pero de los que disfrutamos a escondidas, como un niño con la quinta onza de chocolate, demasiado azúcar para una sola tarde y niño que te va a doler la barriga... 
La promesa incumplida de un capítulo más y lo dejo... Tarde al sol con una imaginación que vuela lejos, que se olvida de que este año no habrá vacaciones, de que la familia está lejos, de que el dinero, el banco, las facturas, la compra de la mañana, el médico de la abuela, ... La lectura como las verdaderas vacaciones de la mente y el alma.

¡Y porqué no rematar la faena con una clásico fresquito en el cine! Son varias las salas que ofrecen buena programación después/durante una estupenda merienda-cena con pa amb tomàquet, fuet, queso y una macedonia de frutas regado todo con una buena Estrella Galicia, un Lambrusco o un Blanc Pescador: desde el foso de Montjuïc convertido en cine de verano, hasta el ciclo de Phenomena en las sales Girona, pasando por la inagotable filmoteca de Catalunya a 3€ el pase. Wilder a todo trapo: Some like it hot, Avanti! (o mal traída al español como ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?), Kiss me, stupid; One, two, three.... (porque Wilder es para el verano). 
Breakfast at Tiffany's, All about Eve, To catch a thief, M the vampire, Chimes at midnight,... o cositas más modernas como Life of Brian, As tears go by, Donnie Darko, o cualquiera de las actuaciones de PlanetaImpro en Teatreneu o la Sala Alexandra de las que ya hemos hablado aquí alguna vez.
 [Se me ocurre para quien prefiera el cine en casa, un sinfín de adaptaciones de obras literarias. Comparto aquí un blog que conocí  hace poco (Entre montones de libros) y que anteayer publicó una estupenda entrada sobre este tema, llamando a debate sobre mejores o peores adaptaciones cinematográficas, además de conseguir recomendaciones].


Imagen de Steimatzky 

Decía, salir de la sala de cine y tomarse una cañita, un combinado o un cubata para los más atrevidos. ¡Qué regocijo, qué alegría, qué alboroto (otro perrito piloto)
Más que justificado está el pequeño trasnoche, la una o las dos y la lamparita aún encendida, recuento de las aventuras de este día, de este sueño de una noche de verano... La almohada en la espalda y el sempiterno capítulo del Quijote en nuestra cabecera... ¡Landran Sancho, luego cabalgamos!


It's a wonderful life, isn't it? #grandesplaceresdelavida

martes, 30 de julio de 2013

Verano fenicio (VI)


Por cada perfil que aceptamos tener noventa y nueve de cada cien hablan a nuestras espaldas.
Cada perfil que aceptamos tener nos supone hablar a las espaldas de esos noventa y nueve.

jueves, 25 de julio de 2013

Verano fenicio (V)


Un tren
como un rápido
adiós,
como el campo segado
de agosto,
como rápida hoja
de guadaña
o tajante tijera
de injustas parcas.
Un tren
como un rápido
adiós,
sin tiempo para despedidas
ni pañuelos blancos
de blanca esperanza.


Y un mensaje a los mass media: no den más cabida a carnaza ni amarillismo, por favor. Bastante vergüenza pasamos ya gracias a los cretinos que nos gobiernan.

Hasta siempre, F.J.



lunes, 22 de julio de 2013

Verano fenicio (IV)

Parafraseando
al poeta
que la vida
era
reversible
como la cazadora de mi hijo
uno lo empieza a comprender más tarde
cuando se ven las dos caras,
el argumento de la obra:
vanidad e hipocresía.

lunes, 15 de julio de 2013

Verano fenicio (III)


Ya no es ayer, mañana no ha llegado;

hoy pasa y es y fue, [...]
Fco. Quevedo


Igualar
verbo a sustantivo:
in-finit-iv-o:
de siendo que fue al ser que es.
Unos ojos puesto sobre
el ya
ahora.
Igualar
verbo-sustantivo a adverbio.

Observar cómo se pasea por el tiempo, infinito,
con-jugándo-se.

La Palabra como precipicio:
es el Ser acción y tiempo,
su recorrido, un álbum lleno de infinitivos.

jueves, 11 de julio de 2013

Verano fenicio (II)

Encontrar
el aleph
un mandala
entre papeles.
Gritar
"¡Eureka!"
El conocimiento
, sí,
ocupa lugar...

A la vendedora de emanems,
a Marta que la conoce.

martes, 9 de julio de 2013

Verano fenicio (I)

Entender
la palabra.
Compañera.
Desde la soledad
y el silencio
de aquel que la pronuncia
sin eco
sin voz
sin compañía.
Compañera.
Entenderla
como una mano
(en)tendida.
Como una cometa
un puente
una ventana
que lleva
hacia dentro
hacia
mi

.

Compañera.

martes, 18 de junio de 2013

Proyecto de tesis y 1º de Doctorado de Humanidades: lo que nunca nos contaron sobre el primer año.

"La suerte es el cuidado de los detalles."
W. Churchill

Como ya hicimos al final del curso anterior a cerca de la Defensa de tesina o Trabajo Final de Máster (TFM) , queremos ahora dejar aquí algunos consejos y recomendaciones sobre la memoria (o proyecto de tesis doctoral) que obligan a hacer a los doctorandos de primer año. Al menos, en Humanidades (aclararlo desde el principio,vaya a ser que algún científico loco le de por entrar en estos lares y ya se sabe que mezclar no siempre es bueno, menos según qué condiciones académicas se requieran del doctorando).Así pues, vayamos por partes, primeramente el desarrollo de este primer curso.

  1. Cosa número uno a tener en cuenta: el/la director(a). Creo que sobra decir nada más. Pero insisto: te casas con él/ella. Elígelo bien, tantea posibilidades, círculos de relación y alcance, amistades y enemistades,... Querido doctorando de humanidades: toca ser frío y calculador (o lo que la gente normal llama ser práctico, aunque ya sabemos que de eso nosotros...) . El/la director(a) será tu aliado. Nunca podreis estar a malas (más te vale que así sea). Ya que escogiste estudiar una carrera de Letras, seguiste en tu afán de estudiar un máster de Letras y aún así sigues queriendo dedicarte a ellas con un Doctorado  de Letras (a partir de ahora, DOCT)... Ya que el tutor -que no director -véase más abajo (*)- se asigna de manera global a toda una promoción (algo completamente descabellado) y ya sabemos que nunca llueve a gusto de todos... Por tu padre (¡por Tutatis!) escoge bien a tu director(a). En esta relación cultivada poco a poco, como una buena cosecha de maría, habrá momentos para el amor-odio, el odio-amor, el odio-odio, etc. Pero que nunca falte una buena base de confianza. No te digo ser colegas (de hecho, si lo confundes, puedes acabar la cosa como el Rosario de la Aurora), pero sí seguir la máxima de Churchill cuando Roosevelt se presentó en sus habitaciones en plena Conferencia de Yalta y el británico, recibiéndole como su madre le trajo al mundo dentro de la bañera, le espetó un "Come in, come in Mr. Roosevelt! There must always be confidence between allies ".

(*) Para aquellos que no sepan la diferencia entre director personal y tutor, deciros brevemente que al primero puedes elegirlo tú según tema de estudio, relación con tu materia u otros motivos más o menos personales, mientras que al tutor lo asignan por departamentos de la Universidad. Es decir, muy a lo Dumas: uno para todos... (great! ¬¬) Podrán coincidir estos dos roles en un mismo profesor o no y, en el caso de que haya cualquier problema entre director y doctorando, ("se supone") el tutor hará de intermediario entre ambos e intercederá en favor del estudiante si se da el caso de llegar el asunto a disposicón del Tribunal Académico de la Universidad. Retomando esa Conferencia de Yalta, el tutor será vuestro Stalin dentro del peligroso triángulo amoroso director-doctorando-tutor.
Triada Doctorado-Director-Tutor
tras la victoria-tesis cum laude
del Inalcanzable IV año.

Moraleja: elige bien, pórtate bien y aprende a jugar a las cartas si no lo hiciste en la cafetería de la facultad porque te va a hacer falta tener mucha mano izquierda.


Dicho esto, el primer curso de doctorado en humanidades, por lo general, pasa sin pena ni gloria.  

Has de saber que te enfrentas a la soledad.

Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuchas horas de estudio repartidas entre tu habitación, el salón de casa, la biblioteca (sí, puede que al final del DOCT conozcas todas las de tu ciudad, provincia, país,...); que casi no tendrás compañeros con los que refugiarte del hostil mundo de "La Academia" (a partir de ahora, L.A.), que de veinte sólo uno (¡UNO!) te entederá las cagaleras mentales, la ceguera amorosa hacia tu tema, la locura absoluta hacia ese autor que te hizo perder el norte y acabar casado con el Departamento de Humanidades. Por ello, me repito: elige bien a tu director(a).

2. Con un poco de (no, mentira, con mucha, muchísima, nunca-es-demasiada) suerte, si optas a un beca, podrás disfrutar de ella. No te desanimes. Recomiendo crearse una carpeta en el escritorio del pc con todos los papeles que te vayan pidiendo en  las sucesivas becas que solicites, porque has de saber dos cosas: 
  • Uno: Las becas nunca salen a la primera. Pero tú no te desanimes, becas hay a porrillo, seguro cae alguna (optimistas...) Modalidad FPI, FPU (MEC), entidades privadas: La Caixa, Santander, Fundación Oriol Urquijo, etc. etc. etc. Imagina que estás en un buffet libre de las becas: pide todas, de todo.
    "A ver, ¿qué más papeles míos necesitas?
    Que das más guerra que un hijo tonto..."
  • Segunda y más importante: los documentos a presentar (miles y millones de papeles) no siempre dependen de ti. Para algunas becas tendrás que pedir a tu director(a) su CV académico y carta de recomendación... y no quieras saber qué es pasar dos veces por el trago de buscar todos los artículos, reseñas, colaboraciones, participaciones y demás méritos de tu "jefe". Guárdalo todo, hazme caso. Recicla documentos como si no hubiera un mañana. Conviértete en el Diógenes del PDF y el word.2007. Te ahorrarás tiempo y disgustos, dos aliados VIP del doctorando.
3. Continuando en el "durante" de este curso, en algunas universidades obligan a cursas unas cuantas asignaturas hasta alcanzar el cupo de créditos que, por equiparación, convalidación (en realidad, nadie sabe bien porqué), serían los créditos del antiguo Diploma de Estudios Avanzados (o DEA). Pero ya digo que sólo en algunos casos.
Lo que sí suele ser obligatorio y, en principio, paliativo a esta marginación socio-académica del doctorando es la asistencia a un taller mensual. Para su realización, el o los tutores de vuestra promoción harán las veces de moderadores de este seminario. Siguiendo el calendario preestablecido desde la primera sesión, se otorgarán turnos de participación en los que todos iréis exponiendo vuestro trabajo realizado a lo largo del curso. Normalmente, suelen ser sesiones de unas dos horas de duración en las que es recomendable que el director de cada "conferenciante" esté presente ya que, al fin y al cabo, son defensas públicas de vuestro work in progress. La asistencia es obligatoria en un 80% aprox. la cual se complementará con la asistencia a "equis" seminarios externos propuestos por la Comisión de Docencia del Doctorado a principio de curso y de los cuales habréis de presentar una pequeña memoria-reseña. 
"Toma nota de todo lo que digan.
Hay que estar atentos, los ojos bien abiertos.
Y acota de una vez el tema.
Hay mucho listo en el departamento, te pisarán el proyecto."

Consejillos: tanto ser de los primeros en presentar como quedarse el último tiene pros y contras. Yo expuse en la tercera sesión y me sirvió bastante para acotar el corpus de estudio o la metodología porque no tenía casi nada hecho; un empujoncito y un rasero con el que medir fuerzas y dosificar ritmo de estudio hasta el final de curso, vaya. Sin embargo, los últimos compañeros que expusieron, llevaron una presentación más completa e iban sobre seguro, pero tenían menos tiempo para cambiar y corregir cosas de su proyecto, ya que la última sesión se realizó diez días antes de la entrega oficial... Esto, si se puede elegir el día de exposición, va mucho según gustos y preferencias. De cualquier manera, asistir a este tipo de seminarios está muy bien para coger ideas y aprender métodos nuevos de análisis, nuevas perspectivas, etc.

4. Como esto de que unos tengan beca y otros no, la incomunicación de director-doctorando a veces es mucha y la desmotivación y el descontrol del estudio y del estudiante van de la mano a veces parece el coño la Bernarda, se ha de poner un poco de orden y concierto (además de control al doctorando) mediante dos condiciones a cumplir. Una de ellas, el aplicativo del Campus Virtual personal del doctorando, en el que éste habrá de ir colgando todas las actividades académicas a las que acuda - talleres dectorales, conferencias, participaciones en cursos, seminarios, asignaturas como oyente, etc. para que su director se las supervise y apruebe; de tal manera que, al final del año resulte de ello una suerte de "CV académico" del doctorando. Vale, es un coñazo, pero te cubres las espaldas que no veas, además de servirte de memoria anual para aquellos afortunados que disfruten de beca y hayan de presentar un portfolio anual al MEC o a la entidad privada que lo contrate. Recuérdale a tu director que le eche un ojo de vez en cuando porque sin su aprobación no es válido a la hora de evaluarte, hacerte el seguimiento o la renovación de tu beca.

La segunda herramienta es el Proyecto de tesis (¡no confundir con el TFM o tesina!). Aunque viene a ser exactamente más o menos lo mismo que el trabajo de fin de máster, se supone que en un año algo habrás avanzado, ¿no? Para ello, os dejo un esquema-plantilla para ir rellenando con vuestro work in progress de primer año y algunos consejillos.
  •  TÍTULO DE LA TESIS
  • ABSTRACT (150 palabras en un sólo idioma y sin palabras clave, no se trata de un artículo, aunque nos mole el rollo).
  •  CUERPO DEL PROYECTO (parte más larga del proyecto, calculad unas 25 páginas):
    • ÍNDICE PROPUESTO PARA LA TESIS. ORGANIGRAMA. (¡Sólo es un esquema! Ahorra espacio y cumple con las tres "ces": claro, concreto y conciso. Presentando esto bien, tenéis muchos números de pasar sin problemas.)
    • OBJETO DE ANÁLISIS. TEMA.
    • ESTADO DE LA CUESTIÓN (de corte más o menos historicista y recopilatorio del qué hay sobre el tema, quién es el fucking master, cuál es la opinión más valorada sobre ello, etc.)
    • PUESTA AL DÍA BIBLIOGRÁFICA (frecuentemente, puede combinarse con el punto anterior)
    • OBJETIVO DE LA TESIS. ORIGINALIDAD Y APORTACIÓN DEL TEMA (perorata, adulación a uno mismo y su capacidad de discernimiento).
  • HIPÓTESIS PLANTEADAS (a modo de "conclusiones" del proyecto).
  • METODOLOGÍA. PLAN DE TRABAJO (material que utilizarás para el análisis de tu tema, corrientes críticas a las que te adscribas para desarrollar tu tesis).
  • BIBLIOGRAFÍA.
Y todo ello en la increíble cantidad de 40 páginas. Ni una más.  O tened por seguro que os lo harán saber en el tribunal de defensa....

5. Por último y no por ello menos importante, organización. De hecho, quizá debería haber empezado por aquí (¡oh, la circularidad del texto!). Organización será lo que os pidan a lo largo de todo este primer año, organización -o falta de ella- será lo que os echen en cara en el tribunal académico que os evalúe, organización será vuestra defensa inquebrantable ante los mil y un cambios que se sucedan vertiginosamente a lo largo de este primer curso, ante la palabra predilecta de vuestr@ director(a) "acotar": habrás de acotar, recortar y trastocar temas, capítulos, epígrafes, metodología, etc. Organización como piedra angular para TODO. Hasta para elegir tema (sí, amigos, los hay aventureros que entran en el doctorando buscando ese "algo" que les haga vibrar en noches de delirio y estudio - creedme, serán muchas).
"Te lo dije, acota..."
Vacuidad: Doctorando y Director tras la defensa del proyecto.

Si eres organizado y te molan los retos casi-nunca-recompensados. Si después de leer esta parrafada sigues pensando que "bueno, tampoco es para tanto, yo puedo con ello"... en fin, tú mismo. 
Yo lo reelería, lo repensaría y si sigue sabiéndote a poco, entonces sí: welcome to Research in Humanities!

Ahora sí, querid@s, feliz verano ( *.* ...no me lo creo...)

[Y para los que no, pensad en nuestro lema más valioso: siempre nos quedará septiembre...]

A Xisela, Marta, María y Laia,
ganadoras del premio "compañeras 2013".

A Amparo,
por no desistir. 

sábado, 8 de junio de 2013

Feria del libro_A.Muñoz Molina_Manuel Vilas

En un día de sábado tan tormentoso como el de hoy, en el que una respira tranquila después de una semana de inquitudes en cuanto a la agenda y a la organización se refiere, actualizo mi bitácora para responder a varios fines:
  1. Sigue la Feria del Libro en Madrid, a la cual, un año más, no podré asistir. Por ello, les voy mostrando, poco a poco, mi parada de libros o, mejor dicho, textos. Todos ellos, al igual que los referidos en la entrada anterior, galardonados con el premio Devaneo.
  2. El buen Antonio Muñoz Molina sigue coleccionando estatuillas. Y yo me alegro. Olvidado ya su más o menos dicutido o discutible modo de proceder respecto al asunto Premio Jerusalén, se le reconoce con un Príncipe de Asturias su prolífica vida como autor de novela, además de una unción titánica como articulista (véase, por ejemplo, este último texto publicado en El País hace dos días). Su particular visión sobre la literatura y otras disciplinas artísticas afines, como la pintura o la fotografía, hace que, en ciertas ocasiones, una tenga ganas de cogerle por banda y decirle: "A ver, Antonio, hablemos tú, yo y un café sobre este asunto, que igual me ayuda mucho con la tesis..." Pobre becaria con el seso seco por tanto leer...
  3. Como ya dije, tras cinco días de analizar poemas en prosa,  Suzanne Bernanrd, Utrera Torremocha, Baudelaire, Cirlot, estudio constante como si no hubiera un mañana, convocaciones (e invocaciones) a un tribunal académico, preparación de defensa, etc. etc. etc. a una le apetece pegarse el gustazo de combinar sábado por la mañana + café + tormenta + escribir en el blog una entrada más lúdica y desenfadada de lo que viene siendo habitual en este rinconcito de la blogosfera que, bastante frecuentemente, aburre con devaneos teóricos y retóricos a los fieles lectores.
Dicho lo cual, paso a unificar estos tres puntos a cumplir bajo un texto maravilloso de Manuel Vilas, que, además de ser muestra de lo que viene siendo el poema en prosa español en la actualidad española - ¿Podrían decirme qué encuentran en él? ¿Qué rasgos formales, estructurales, organizativos, semánticos le separan de lo que se considere un cuento, un ensayo, una estampa?- sirve de modesto regalo/homenaje a los fieles lectores-compañeros-de-peripecias-ficticias y al gran escritor ubetense, que con 14 años me descubrió la literatura "de mayores" con Plenilunio o Nada del otro mundo.

Sea como fuere, espero que lo disfruten tanto como yo, que se encuentren correspondidos en tan breves líneas y que celebren la Feria del libro, pero como es debido. Ya que, a pesar de que se nos oculte el fin último de este acontecimiento cultural bajo la ampulosidad de grandes casas y editoriales, y aun siendo necesario el mantenimiento de éstas, en la polisemia del término "feria" encontramos dos acepciones muy distintas: una cosa es la comercialización del libro (de ahí el status de feria como "mercado") y otra muy distinta la celebración y el goce de la lectura (segundo significado de feria como "festividad". Personalmente, me quedo con ella). Así pues, celébrenlo como es debido: leyendo. Yo, por mi parte, me voy a ello: hay todo un ejército de bardos esperándome en el sofá...


LITERATURA

Los pisos praguenses en que vivió Franz Kafka, y sus corbatas negras y sus sombreros y sus zapatos. El pelo enjuto de James Joyce, cuya mano quemó Dublín. Los amantes de Luis Cernuda, riéndose a sus espaldas. La esposa de Shakespeare, vieja y adúltera. Los ojos verdes y estrábicos de la enfermera jefe de la clínica en que murió Nietzsche. La mano de mujer que cogió los botines de piqué de Ramón María del Valle-Inclán y los arrojó por la ventana. La sífilis saltarina que Gustavo Adolfo Bécquer paseó por Madrid. La sífilis idéntica pero paseada por París de Charles Baudelaire. El padrenuestro que reza el fantasma de Rimbaud en una morgue de Marsella y Dios que se hace el sordo. El padrenuestro que reza Jorge Manrique antes de soltar la mano de su padre muerto. La risa de Quevedo mientras evacúa en una esquina de Madrid, en tanto rebota el mundo en su vesícula como una piedra verde. La madre con gota de Flaubert. La autopsia de Larra, su joven cerebelo. La carne de la máscara de Fernando Pessoa. La foto del padre de Dostoievsky en la billetera de Lenin. La cabeza muy grande de Rubén Darío, tan grande como su miedo. Las sopas de ajo que marea todas las noches el Manco de Lepanto con la mano buena mientras se mira con discreción la mano ausente. Los cien kilos secos que Oscar Wilde exhibe por los cafetines de París con orgullo marchito. La mano que aúlla de Pablo Neruda. El cadáver de Cela servido con guarnición de ministros. El gran desfile de la soledad de todos los tiempos, la soledad y sus palabras, la literatura.

Manuel Vilas.
De Resurrección
, Madrid, Visor, 2005. 

lunes, 3 de junio de 2013

Feria del libro_Exposició Facultat Lletres UB

Poco muy poco leían los españoles de mi tiempo. Una edición de dos mil
ejemplares tardaba en venderse ¡qué se yo el tiempo! Y el precio de los libros
mejores era irrisorio: dos, tres pesetas...ahora, estos jóvenes hacen tiradas de
cuatro mil y de cinco mil ejemplares y las agotan en menos de un año. Han
logrado el milagro de que el pueblo se apasione por las novelas
.

Benito Pérez Galdós


La Universidad de Barcelona ha presentado, en la facultat de Lletres, durante el mes de mayo la exposición de La Novela de Hoy. Colecció de novela corta publicada en Madrid entre los años 1922 y 1932 fue  fundada y mantenida por el mecenazgo del también escritor Artemio Precioso. De corte erótico galante, siguiendo los pasos de las revistas de principio de siglo, consta de 526 novelas cortas la colaboración de 95 autores, entre los que encontramos a las grandes letras de la época.

Estas colecciones de novela breve son el fenómeno socio-literario más interesante del siglo XX. Se trata de colecciones de relatos breves, de 40-50 páginas, a precios muy baratos, de venta en quioscos, lo que produce la salida de la novela a la calle, con la consecuente expansión lectora. Encuentra un público que nunca había tenido alcance a la literatura (véase el rol autodidacta del lector anarquista de principios de siglo), llegando a haber tiradas de 50.000 ejemplares semanales ya en el año1907 (cosa que nos parecerá moco de pavo si sabemos que, en los años 20, las tiradas no bajaban de los 150.000 ejemplares). Jacinto Octavio Picón, Jacinto Benavente, Gregorio Martínez Sierra, Eduardo Zamacois, Emilia Pardo Bazán, Felipe Trigo, los Hermanos Álvarez Quintero, Ramón Pérez de Ayala, Benito Pérez Galdós, Ramón Mª del Valle Inclán,  Francisco Villaespesa, Concha Espina, Carmen de Brugos, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset o Sinesio Delgado son unos cuantos ejemplos de la larga lista de colaboradores que participaron en el proyecto.

El éxito entre el público suposo un verdadero beneficio económico para los escritores más veteranos, quienes malvivían con artículos o cuentos cortos publicados en revistas semanales o las rentas de sus obras más extensas - claros ejemplos son Galdós, Valle Inclén o Unamuno -, por lo que tales colaboraciones pasaron a significar todo un modus vivendi. Se sabe, gracias a aquellos que gustaron de recopilar anécdotas y curiosidades de la época -que nunca está demás tener a mano un Mesonero Romanos-, que Unamuno, con sus libros, nunca llegó a ganar más de 3.000 Pts al año, frente a las 60.000 Pts que podían llegar a ganar,  con sus narraciones breves, Felipe Trigo o Blasco Ibáñez, número uno en las listas de los best sellers del momento -estos valencianos siempre partiendo la pana.

Tras este bombazo editorial y económico, o debido a ello -volvemos al punto de si fue antes el huevo o a gallina-, se produce un gran auge de la novela breve que, por extensión, tendió a confundir límites con el relato. De esta manera, los género narrativos breves, tales como el cuento lírico, el poema en prosa o lo que hoy conocemos como microrrelatos, gracias a la Modernidad que los redescubrió, disfrutaron de una gran expansión y reconocimiento. Llega la era de lo breve y lo fugaz. Dª Emilia Pardo Bazán, en un artículo publicado en la revista Helios en 1904 dice del cuento que «es un síntoma de pereza, tanto del autor como del público». Tremendismo, sí, pero breve. Decía Cortázar:

La novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un "orden abierto", novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida delimitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo itiliza esa limitación.

 Estas colecciones de novela corta ya venían dándose desde mediados del siglo XIX, por lo que contamos con numerosos ejemplos: La novela de ahora, Colección, Galante, Biblioteca de las damas, etc. Sin embargo, la traca final llega con El cuento semanal. Aparecía por primera vez el 4 de enero de 1907, según la idea original del español nacido en Cuba y criado en Francia, Eduardo Zamacois. Aires nuevos que cristalizan, en 1896, en la primera revista erótica, La vida galante, de erotismo moderado, donde prima más la ilustración que el texto –con desnudos muy curiosos...

Grandes aportaciones de estas colecciones de novela corta y revistas fueron la importancia que tomó la imagen, la publicidad o las primeras convocatorias de concursos de relatos. Así, se apostaba por aquello de "una imagen vale más que mil palabras", cumpliendo esta máxima desde el diseño de la portada hasta la más mínima caricatura. Consecuentemente, se alza la figura del ilustrador, no reconocida hasta ese momento. Los más importantes fueron Andrade, Posada, Juan Francés, Apeles Mestres o Castelao. De la mano, va el auge de la publicidad, dato del que podemos analizar y conocer el tipo de público lector al que iban dirigidos tanto los anuncios como la revista en sí.
En octubre de 1907, se convoca el primer concurso de relatos que tenía como premio la cantidad de 500 Pts., cuyo jurado estaba compuesto por Valle Inclán, Felipe Trigo y Baroja, entre otros, resusltando ganador Gabriel Miró.

Tras el Cuento Semanal, pionera de todas las colecciones de novela breve, se suceden hasta mil quinientas compilaciones nuevas entre 1907-1936. A su desaparición, se funda Los Contemporáneos, entre 1909-1926,  siendo colección más extensa, guinda de este psicalíptico pastel que pondría fin a los felices años 20 de la literatura breve de nuestro país.

La novela es como un veneno lento y el cuento, como un navajazo.
Marina Mayoral
***
Para más y mejor información, se puede consultar online la tesis de Mª Montserrat Gª Martínez:
http://eprints.ucm.es/15267/1/T33763.pdf

***








miércoles, 29 de mayo de 2013

Elegía.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

"Yo sé todos los cuentos",
León Felipe


"Ha muerto Paulino"

He is gone. Igual que se van las palabras o el tiempo o el polvo y la arena del parque. Quizá no es malo, pero sí triste, igual de triste que pisar un charco, un recuerdo, el desequilibrio.

Esta mañana muchos compañeros de facultad hemos recibido el triste mensaje por la desaparición de Paulino Ayuso. Su voz en El Mal poema de Manuel Machado, en la escena del asno y la iglesia de Réquiem por un campesino español, en las palabras de Aub y su opinión sobre el bachillerato y las raíces de uno. Su voz transmitiendo un mensaje: el amor a las letras, a la literatura del siglo XX. Quizá, hace siete años, alguien se quedó con esa voz y alargó el eco, durante muchas lecturas, hasta un doctorado en humanidades.

Gracias.

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Adiós 
Luciano G. Egido
La única verdad es la literatura.
Fernando Pessoa 
Estaba condenado a muerte y los médicos le echaban de seis meses a un año de vida. Como es sabido el cáncer no perdona y ya era tarde para todo. Él ya se había hecho a la idea y había empezado a despedirse del mundo con una extraña resignación suicida. Hacía mucho tiempo que se había separado de su mujer y los hijos se habían desentendido de lo que le ocurriera. Sus amigos estaban muertos o vivían lejos y no quería darles el espectáculo de su agonía ni el golpe bajo de la crecida de sus remordimiento. Le hubiera gustado visitar por última vez algunos paisajes, que le habían congraciado con la naturaleza, y algunas ciudades donde había sido particularmente feliz, con toda la vida por delante para recordarlas. También hubiera querido encontrarse con algún viejo amor inolvidable, con alguna continuada manera de contemplar el mar, como la primera vez, y con algunos lugares, unidos a lecturas y a situaciones especialmente gratas. Pero todo le parecía irrealizable, porque exigía un esfuerzo que no se sentía con ganas de iniciar y menos de concluir. 
 Le quedaban los libros, más dóciles que su familia y más fieles que sus amigos. Los libros habían sido su pasión más fuerte y más duradera y los que habían ocupado la mayor parte de su pasado feliz. Muchas de las horas de su existencia, tan baqueteada y tan onerosa, las había pasado leyendo y en este ejercicio había aprendido todo lo que le había hecho falta saber. Arrastraba una deuda impagable con sus libros preferidos, inagotables, sorprendentes, luminosos, siempre cercanos. Podía señalar sin error la fecha en que cada uno de ellos había entrado en su biografía y el milagro que había esperado encontrar en el arcano interior de sus páginas cerradas. Recordaba la librería en que los había comprado y por supuesto el sitio exacto que ocupaban en su biblioteca. Le encantaba recorrerlos con la mirada, reconocer su título sin equivocarse y hasta acordarse de los avatares crueles de su encuadernación deteriorada. Coger alguno, hojearlo y comprobar los motivos de su adquisición, le producía un placer renovado, aunque a veces la memoria, después de tantos años, se resistía a completarlo. 
Por eso quería despedirse de ellos, por gratitud, por obligación moral, por lo que si fueran hombres se llamaría honestidad. Aquel deseo era probablemente el trago más doloroso de su enfrentamiento con la muerte. Iba a romper una vieja lealtad de la que no quería deshacerse. Eran muchos años de convivencia y no podía llevárselos con él, allí donde fuera, para perpetuar sus débitos. Calculó el tiempo que le quedaba y no había ninguna posibilidad de leerlos todos otra vez, de resucitar las antiguas alegrías, sus descubrimientos definitivos, los oasis de su fertilidad. Un libro al día, incluyendo los domingos, le daría para muchos años. Se le escapó una lágrima de protesta infantil ante la confirmación matemática de la locura de su proyecto. No eran tantos; pero eran demasiados para el plazo disponible. Por lo menos tardaría de diez a quince años en terminar aquella vuelta de despedida que sería su adiós a la vida, con toda la conciencia de su caducidad y toda la pena de su valor inabarcable. En resumidas cuentas, no había derecho a aquella injusticia desaprensiva, que no respetaba ni los mínimos derechos de un hombre. 
Escoger un libro, para iniciar la ronda, le costaba un disgusto, porque no sabía por cuál empezar. Leer algunos era dejar de leer otros y el tiempo apremiaba. Cada uno tenía su atractivo y el gozo de recuperarlo formaba parte de la felicidad prometida. ¿Cómo no despedirse de Proust, que le había desvelado el don de la mirada de la memoria? ¿Cómo olvidarse de Borges, que le había conmovido como un diamante tallado de una inteligencia artificial? ¿Cómo no releer a Faulkner, que le había enseñado a descubrir al prójimo, al negro que llevamos dentro? ¿Cómo irse sin haber vuelto por última vez a la luz mañanera de los sonetos de Petrarca? ¿Cómo no decirle adiós al pobre Don Quijote, perdido en las alucinaciones de su cerebro y de su tierra, de su marginación perpetua, de su obcecación suicida? ¿Cómo no recorrer el mundo a pie con Baroja, entre asperezas sentimentales? ¿Cómo abandonar al pobre Hamlet y dejarlo vagar a su albedrío sin una mirada de reconocimiento y de solidaridad? ¿Cómo no resucitar los convulsos sentimientos de Dostoievski, que tanto bien le hacían, aunque le dolían como un remordimiento? ¿Cómo renegar de Rilke y de su dolorosa lucidez? ¿Cómo resignarse a no volver a dialogar con Kafka, tan hermano, tan desgraciado, tan solitario y tan sufrido? 
Los días pasaban y no se decidía por ninguno, hasta que cortó por lo sano y optó por el orden alfabético de una selección de sus clásicos amores y que fuera lo que Dios quisiera. Empezaría por San Agustín y hasta donde llegara. Se temía que no alcanzaría ni siquiera la Alejandría de Durrell y mucho menos el Japón de Kawabata y menos todavía el París de Zola. Fue una carrera contrarreloj. Notaba que la enfermedad le iba invadiendo, como el nivel del agua en los cántaros de la fuente. Pero seguía leyendo contra viento y marea, con el gozo renovado de siempre, con el ánimo de un heroísmo cotidiano. Su organismo luchaba no contra la supervivencia, sino contra el tiempo. Notaba que las fuerzas le abandonaban, sobre todo al acercarse el plazo fatal de los seis meses anunciados y descubrir que estaba todavía en Camus. Apuraba las horas de sueño y la luz de los ojos, con el solo paréntesis de la noche para ganar la paz de la lectura mañanera, que a veces se le hurtaba por un cansancio excesivo. No podía más. Pero no se rindió. Vivía exclusivamente para leer y los libros le hacían vivir, no sólo venciendo a la muerte, sino duplicándole el gozo de la precaria vida que le quedaba. Era penoso terminar un libro y esperanzador iniciar otro, que se encendía con la luminosidad de una mañana de verano. 
El plazo definitivo del año se cumplió y esperó serenamente el desenlace con Garcilaso entre las manos y se dijo: «Que venga la muerte cuando quiera; pero me encontrará leyendo». Y no se murió, porque a veces los médicos no aciertan en la difícil previsión de las reacciones del insondable organismo humano. Y poco a poco empezó a creer en el milagro y leyó como si se drogara con una fruición renovada el Ulises de Joyce y hasta tuvo tiempo de coronarlo y cotejar la versión de Salas Subirat con la de José María Valverde. La furia irónica de Larra le vino como anillo al dedo para entretener la espera. A los dos años se enfrentó con La montaña mágica de Thomas Mann y consiguió llegar hasta el final, aunque le parecía imposible. El tiempo se dilataba para su satisfacción y los libros seguían acompañándolo en aquella carrera de fondo, que le dejaba sin aliento. A veces se desvanecía, se le iban las letras y se conformaba con acariciar el lomo de los libros, como si tuvieran piel humana. Aquellas interrupciones le parecían faltas a su deber, desfallecimientos de su moral. Cuando cerraba los ojos creía continuar leyendo de memoria. Los médicos estaban asombrados de aquella recuperación inexplicable. 
Pasó por Melvilla, Novalis, O’Neill, Pessoa, Quevedo, Rulfo, Sade, Tolstói y cuando estaba entrando en Unamuno y creía que había vencido a la muerte, se murió.

jueves, 23 de mayo de 2013

Expertos en lo No

¿Qué pasa con aquellos que somos expertos en no-ser-expertos-en-nada? El término, seguramente, cambie de significado. Ser experto en no-ser, que sería igual que ser experto en (la) Nada, tan diferente y lejano de no ser experto en nada.

La experiencia de no haber escogido con suficiente praxis, por ejemplo, una carrera, y reincidir en ello, por ejemplo, con el máster o el doctorado o el segundo idioma o el cúmulo de estudios habidos y por haber en el haber mismo del Experto en lo No. La experiencia en no tener un sueldo fijo, un trabajo, una idea compartida con más de equis millones de votantes. La experiencia de no haber viajado a la X que marca el lugar. La experiencia que te da no haber visto tal o cual película. O verla y poseer la experiecia de quien comprende que che, tampoco fue tanto, entiendo porqué era experto en no haberla visto... La experiencia de no haber leído el libro cumbre y necesario para ese momento de encrucijada. Un dúo de voces ajenas en la Cava Baja, alternando, jamás leí Borges, che, no sabes qué envidia, me encantaría ser tú que aún no le leíste nada y poder volver a ese punto cero, para redescubrirlo con ese orgasmo tan propio de las letras y de la soledad.
Creo que el experto en lo No prefiere ese tipo de reflexiones, de bajadas a su tierra de la Expericneia en lo No, antes que las del erudito que escupe babas de azufe, el que se sabe experto en Todo, mirando de pies a cabeza, comiéndoselo entero de un bocado, por el pecado mismo que conlleva el ser experto en, devorándolo con los ojos como la serpiente al sombrero de El principito. La experiencia en no saber diferenciar entre los numerosos Alfonso V peninsulares, tan de moda, tan vecinos, muertos tan jóvenes todos. O no. La experiencia de no saber(lo) con seguridad. La experiencia de no caminar seguro (o lo que podría ser igual, la experiencia del sonambulismo, cuerda floja sosteniendo el ir y venir del sueño, pero a través de él. A ver quién reprueba ésa, carajo, ni Derridá con su Différance adivinaría el puente entre una f y una s). La experiencia de no saber quedarse sólo con la teoría y necesitar dejar de filosofar un poco, porque, che, quizá haya que hacer algo en este mundo de mierda. La experiencia en no saber, en definitiva, ser otros, tan expertos en sus noes particulares, tan empecinados en hacerte ver que, che, atiende a razones, fijate en mí, perito confiable, negando lo relativo, tienes que ver o leer o viajar o tocar instrumentos más allá de la cuchara de madera de la cocina, o qué sé yo.

Aquello, dicen, para ser digno de la Experiencia, que es vida, que es error, que es prueba, ensayo posible gracias a la naturaleza del que se mueve detrás y por encima del hombro engreído y a costa suya. Experiencia existente y altivez gracias al concepto del ser Experto en lo No de otros, de aquel no-ser-experto-en-nada...