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martes, 27 de julio de 2010

¡¡¡BARCELOOOOONAAAA!!!

...Cerré mi puerta una mañana,
y eché a andar...

....Dejé los montes,
y me vine al mar...


*****
Facto Delafé y Las flores azules -Enero en la playa.

Y tu piel es blanca,
como aquella mañana de enero
[...] Suerte que tú ríes y
no te enfadas porque eres más lista y menos
egoísta que yo ¿Todavía
tienes frío? Bueno, cierra los ojos un
minuto que te llevo a un lugar.

Imagina una calita, yo te sirvo una clara. Es
verano y luce el sol, es la costa catalana...

[...] Y esta cama congelada...
Congelada.

miércoles, 21 de julio de 2010

PREMODERNISMO POÉTICO ESPAÑOL

MANUEL REINA
La vida inquieta, 1894.
"La gota de sangre"

Sentados en la gótica ventana
estábamos tú y yo, mi antigua amante:
tú, hermosura y de placer radiante;
yo, absorto en tu belleza soberana.

Al ver tu fresca juventud lozana,
una abeja lasciva y susurrante
en tu seno de nieve y grana.

Viva gota de sangre transparente
sobre tu piel rosada y hechicera
brilló cmo un rubí resplandeciente.

Mi ansioso labio en la pequeña herida
estampé con afán... ¡Nunca lo hiciera,
que aquella gota envenenó mi vida!



SALVADOR RUEDA

Fuente de salud, 1906.
"La sandía".

Cual si de pronto se entreabiera el día
despidiendo una intensa llamarada,
por el hacer fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada, señalando
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente,
y de improvisto decoró la fuente
un círculo de rojas medialunas.


FRANCISCO VILLAESPESA
La copa del rey de Thule, 1900.
"Poema de opio"

Es otra señorita de Maupin. Es viciosa
y frágil como aquella imagen del placer,
que en la elegancia rítmica de su sonora prosa
nos dibujó la pluma de Teófilo Gautier.

Sus rojos labios sáficos, sensitivos y ambiguos,
a la par piden besos de hombre y de mujer,
sintiendo las nostalgias de los faunos antiguos
cuyos labios sabían alargar el placer.

Ama los goces sádicos. Se inyectan de morfina;
pinchan a su gata blanca. El éter le fascina,
y el opio le produce un ensueño oriental.

De súbito su cuerpo de amor vibra y se inflama
al ver, entre los juncos, temblar como una llama
la lengua roja y móvil de algún tigre real.

miércoles, 14 de julio de 2010

SOLITUD (o fruto de añejas fumadas)

Ensayo sobre la solitud, o

la sola compañía de la memoria.


Y verte cómo cambias
-y lo llamas vivir-
en todo, en todo, sí,
menos en mí, donde te sobrevives.
Pedro Salinas

El hombre es un lobo.
El hombre está mejor en soledad.
El individualismo del hombre.
Esta era la tesis que defendía Rousseau.

La falsa sociabilidad del ser humano iba en detrimento directo contra este principio, el de que el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe. Si es así, ¿por qué ese afán de establecer vínculos con los demás?
El instinto de relación que conlleva el contrato social que nos determina -también entra en juego el determinismo que achica la conciencia humana, su capacidad de desarrollo propia e intransferible- se basa, en cierto modo y conforme a según qué perspectiva, en el miedo. El terror que cualquier ser, condicionado a priori, tiene a quedarse solo. Porque, definitivamente, la raza humana está dominada por la irracionalidad animal del pánico y las necesidades básicas a cubrir, como puedan ser el hambre o el deseo sexual.

Entonces, tampoco diferiríamos tanto de los cánidos u otros tipos de cuadrúpedos.

Empero, retomando el tema del acondicionamiento social del hombre, observamos un miedo humano a la soledad; abstracción que como dije, aterra.
¿Por qué? No es nada fuera del margen volver solo a casa después de la tarea del día; no encontramos anormal el ir a la compra acompañados únicamente de nuestros pensamientos, que desvarían entre cocinar patatas o huevos; como tampoco lo es el realizar los quehaceres domésticos contando para ello solo con la bayeta y el detergente o la lejía -entes concebidos como poco animados-. Sin embargo, sí es raro e incluso, tomado por costumbre, criticar a aquellos que, sumidos en sus proposiciones y cláusulas mentales, mueven los labios en soledad y para sí mismos, como diciéndose algo. Esto es, hablar uno solo; algo que todos practicamos con frecuencia. Pero como decía, mal visto y comentado con feroz hipocresía.
Tal vez, la gente que frecuenta dicha actividad sea la única que verdaderamente entiende, y por tanto, sabe que el hombre está solo.

Aquí nos unimos a la propuesta individualista del autor francés. Crítica a la soledad consabida y aceptada. ¿Por qué? Me pregunto yo -sí, en soledad y para mí-. Se critica, pues, algo que no se tiene como norma, o, en este caso, algo que no se asimila.
El pavor a estar solo.
A saberse solo.
A sentirse solo.
Algo que acentúa esta problemática, es verse amenazado por ella - la soledad - cuando una multitud desconocida e impertinente rodea el espíritu. De nuevo, el determinismo social.

Existe, en cambio, un reducido número de individuos -quizá aquellos que habitúan a hablar consigo mismo- que eligen libre y deliberadamente, nunca por albedrío locuaz, esta opción de tener en estrecha amistad el ámbito de la solitud.
Y digo solitud, término catalán -lo cual, también traerá problemas por lo ya sabido respecto al agudo nacionalismo que recientemente han adquirido las lenguas y sus instrumentos de expresión en la realidad común- porque me resulta una realización material de lo abstracto más bonita de la que se tiene en porción de lo que verdaderamente es.
La soledad, sí.
Ese camino a seguir, escogido por unos cuantos de toda la multitud, que lleva a la realización plena que persigue, instintivamente, nuestra razón.
Recreación individual entendida como exaltación de la porción de libertad que nos corresponde a cada cual dentro del irremediable entorno social en el que un día fuimos expulsados y con el que, día a día, hemos de convivir.
Dentro de esa bifurcación escogida, rayaría una nueva separación: la de aquellos que, en un intento de escapismo extremo, pierden la noción del tiempo, del espacio, y que, sin saber muy bien dónde se sitúan, quedan desviados completamente y descuidan la línea separatista del imaginario colectivo y el suyo propio. O lo que es igual: la frontera entre la realidad y la imaginación.

Dejando a un lado dicho asunto, lo cual ya sería de absoluta gravedad para la integridad de la mente humana, seguimos en el sendero de la solitud. En él encontramos entes, sí, en plural, porque elegir el derrotero de la soledad no significa que uno se vaya a encontrar, de repente, en una llanura deshabitada, colindante con la nada. Error de comprensión que provoca, en parte, dicha aprensión a ese "estado" (porquela soledad lejos de ser un acto, es, más bien, un estado; uno "está solo", voluntariamente o no; pero lo está, lo es; no lo crea o lo realiza; simplemente, lo acata y actúa).

Estos entes, como decía, caminan con las manos en los bolsillos; los ojos bien abiertos, mirando, rastreando todo vestigio de esa extraña especie bípeda con la que se cruzan, aunque muy de vez en cuando. Se impresionan de ver prójimos como ellos, con su misma solitud adquirida; y, sabiendo que cada vez que se encuentren con uno, evidentemente, son uno más, han de rascan toda superficie que ven hasta extraer de ellos su máxima exhalación. No se debe confundir esta laboriosa tarea de arañar la superficie callosa del alma, con la tendencia popular que se tiene al otro lado del camino: la del fisgoneo interesado.
En absoluto. Para ellos, es un aprovechamiento intelectual, cultural, espiritual, si cabe, que agranda como persona a quien posee, como máxima, el deseo de expandir su abstracto.

Un goce privado.
Un disfrute autonómico.
Una dicha independiente.

Mas no todo el recorrido se presenta tan placentero.
¿Cuál es el precio de la soledad? Aquí empleo ya el término castellanizado, porque entiendo que la comprensión del lector estará más facilitada, al estar más vinculado a su uso.
¿Cuánto cuesta estar, saberse y sentirse completamente solo?
Aunque, ¿es eso posible? Sin duda, los seres que caminan por la ruta solitaria, mantienen -y de manera frecuente, pues tampoco deben ser considerados como aislados, pese a que así sea- contactos con esa ancha avenida transitada por la masa (tómese, para más y mejor claridad, el ejemplo que Ernesto Sábato hace en la descripción de El túnel).
Que las noticias venideras de sus antagonistas, sean perecederas y sin posibilidad de usufructo, no quiere decir que no las reciban, pues, como se explicó, igual viven en sociedad, se relacionan, aunque módicamente, con ella. Con lo cual, es difícil aclarar si el ser , digámoslo así, solitario, está por completo sólo.
No. En mi opinión, no lo está; pero es normal que así lo sienta.
Cumple, a duras penas y con acatamiento impasible, esa parte que se le adjudica dentro del contrato social del que, en ocasiones, tanto reniega.

El ser solitario sufre la marginación dentro de un mundo no pensante, no concluyente, y por lo tanto, sin principio ni fin. Sin razón de ser. Entreveo más comprensible su existencia, dedicada a la reflexión de los acontecimientos presentes, pasados, y, por qué no, futuros, o enunciados posibles dentro de una mente que atiende a las señales que otros le van dejando.

Verdaderamente, el precario dilema para el que apoya la noción de la soledad, de la manera más práctica posible, esto es, con su propia existencia, es justamente esto: las marcas o pistas de extraños, la aparición de los recuerdos.
Mi convencimiento me da razones para creer que, aquel que vive feliz en soledad, nunca se arrepiente de ello. Nunca, salvo cuando una señal externa le daña la tranquilidad; le excita el ánimo. Y éste, solo puede ser perturbado por algo que marcó un antes y un después. La pérdida de algo o alguien. El paso dado entre ser presente y ser pasado. Ser el recuerdo de alguien. No imagino hasta qué punto esto es algo positivo. Mientras todo cambia, evoluciona o, simplemente, se deja arrastrar por el paso del tiempo, el recuerdo queda quieto. Impune a todo. No sufre, no se transforma. Nada puede alterarlo. Es y será como en su día fue. El mismo. El último apretón de manos, los dos corteses besos finales; ver cómo desaparece en la lejanía una figura. Eso es lo que permanece. Incluso la pesadumbre; o la tranquilidad, en caso contrario, que deja el adiós con un semejante, es lo que finalmente selecciona la memoria. Y ahí está. Pasa un tiempo (tanto más cuanto más importante sea) y su nombre, reverberando en cualquier punto del planeta - incluyendo si pertenece a alguien que componga el lado de los "no solitarios" -, hará que vaya esa instantánea a hacerle una visita al alma transeúnte en solitud.
Y, de nuevo, confusión. Ser recuerdo es ser pasado. Ya no hay posibilidad de retorno.
Todo reencuentro -entre solitario y el personaje que conforma su recuerdo- , si es que lo hubiera, estará encabezado por un "¿Te acuerdas cuando...?" Con este supuesto, y tras las previas etapas, cual duelo, de negación e incredulidad ante la reciente pérdida, llega la aceptación de la realidad.
¿Dónde está todo aquello que, pensaba en soledad, seguía vivo? ¡Ah! Increíble la posibilidad de que algo fuese como creía que era. Subjetivos recuerdos...
"¿Se puede confiar en los sentidos?", dijo Kant. Atrofiados, distorsionan lo que nos hacen percibir. Ilusiones y recuerdos no son más que eso: precaria veracidad que nosotros mismos nos hacemos creer. El consuelo de los tontos. Alivio sintomático para los avispados que huyen del ayer. Aunque, resignándose estoicamente, el discernimiento alcanza a comprender que siempre será mejor ser recuerdo pasado que nunca vivido. O, peor, sujeto irreconocible ante los ciegos ojos del insensible.

Por ello, la memoria mata el deseo de liberación en soledad. Hace llorar por la añoranza de compañía externa; provoca, incluso, al solitario avergonzarse de su elección. Y es entonces, cuando surge el retrotraerse del individuo. La desmemoria que rompe la unión entre la mente y el alma es el bálsamo que cicatriza los tijeretazos de ciertas incursiones realizadas, descabalmente, al lado del camino donde no pertenece el solitario, y por el que regresa al que nunca debió abandonar.
Entonces, de nuevo, deseo incontrolable de olvido y redescubrimiento de soledad a solitud.

El deleite de volar en solitario, sin que las alas de la imaginación, el entendimiento, la razón y el sentimiento, se vean cercenadas por lo arbitrariamente establecido, acordado y acomodado a esa otra parte del camino que sin duda es la opción más fácil y holgada de asumir.

Tomar decisiones en una vida que se plantea, desde el nacimiento de la misma, basada en la dualidad bipartidista del laissez faire, laissez passer, no es otra cosa que el reflejo fisiócrata de esa despreocupada ruta poblada de cretinismo mental e ideológico.

Enlazando el último punto, doy conclusión al adentrarme en el lodazal de las ideas. Quede claro que las defendidas por la soledad no son una contraposición o cabezonería ilógica de sus incondicionales. Son, por decirlo de manera sencilla para la intelección de aquellos que se vean aludidos con tal término -pues será que la dominan- , la única manera de expresar la individualidad que surge de la felicidad -y/o viceversa- cuando ésta, postreramente, es encontrada. Y no precisamente al final de una marginada existencia ubicada siempre en un plano inferior, de identificación simpatética, sino en aquellos pequeños momentos de deleite en el que uno y uno, recién encontrados y aún sorprendidos, dejan de ser dos en soledad.

Supongo, que, para el común de los mortales, llegar hasta este punto ha sido algo bastante amargo.
Afirmo, lo es.
Sin embargo, para el osado que haya continuado, solo por convicción propia -y tal vez, algo egoísta- ha de significar dos méritos. Uno, el de haber resistido un obstáculo más en el empedrado camino. Dos, el de saberse descubridor de la más profunda soledad que impera detrás de estas líneas.

Tú, que has llegado hasta aquí, puedes considerarte abiertamente y sin tapujos como un verdadero ser en solitud; pues si no, ¿hubieras podido emplear este tiempo disfrutado en compañía de intereses ajenos?

jueves, 8 de julio de 2010

Canto patrio: desde Segovia, con amor.

Aprovechando que todo el mundo está como loco exaltando colores, banderas y demás signos de "la madre patria", voy a dejaros, sin que sirva de precedente, un poquito de publicidad "turística". Y esta vez, no de Madrid. Una se considera ya más merengona que la Cibeles, pero, inevitablemente, oye una dulzaina y se pone chocha... ¡Qué le vamos a hacer!
¿Saben ya de qué ciudad les hablo?

Al 125º aniversario de nuestro querido Acueducto como Monumento Histórico de Interés Nacional (que se conmemoró en octubre del pasado año, bajo el lema "Segovia, una ciudad a los pies de su acueducto"), le siguen o, mejor dicho, quedó inscrito dentro de todas las manifestaciones culturales propuestas por suAyuntamiento y apoyadas por sus centros culturales (que tampoco son muchos, todo sea dicho) y los entusiastas ciudadanos que, de vez en cuando, se atreven a poner en su boca dicho término.Los segovianos, pueblo de estirpe castellana, áridos de carácter y acento "más bien de pueblo", de vez en cuando, marcamos un gol por sorpresa y nos vemos de hito en hito celebrando ciertas cosillas (vamos, que nos obcecamos en ello). Dichas fechas meritorias de quedar salvaguardadas en nuestra efeméride rural y jotera, nosotros mismos llegamos a considerarlas "de andar por casa". Ya pasó en 1984 cuando la UNESCO concedió el título de Patromio de la Humanidad a la Ciudad Vieja (donde se encuentran el Alcázar-residencia de Alfonso X o Los Católicos-; la Catedral de Santa María -denominada "Dama de las Catedrales", por ser la última de estilo gótico levantada en España-; o sus juderías).
Y, hombre, ya era hora de que montáramos algo otra vez...

¿De qué les hablo, queridos lectores? Pues toda esta perorata es, ni más ni menos, una carta de presentación y bienvenida para que visiten la página oficial de la candidatura de Segovia como Capital europea de la Cultura para el 2016. Muy fácil: sólo un click y podrán echarle un ojo a la Agenda Cultural, cuyas convocatorias y eventos giran ya, y desde hace un par de añitos, en torno a promocionar nuevas miras sobre la villa del archiconocido "cochinillo de Cándido".
Ilusión; Futuro; Calidad de vida; Patrimonio; o Cooperación son algunas de las consignas que proponen impulsar la cultura gracias a proyectos sostenibles y duraderos que darán cita a ciudadanos de todos el mundo en la "Ciudad victoriosa", según la denominaron los primeros celtíberos.
Y para darnos más a conocer, una red de "embajadores"cuyo elenco cuenta con el deportista Pedrito Delgado, la presentadora Eva Hache, la escritora Espido Freire o el Nuevo Mester de Juglaría, entre otros.

Sin más dilación, y sin ánimo de aburrir demasiado, les dejo que disfruten, si es que aún no lo han hecho, de mi tierra natal.
Como les decía es de fácil acceso: pinchen en cualquiera de los enlaces de este mismo texto, o busquen en el margen izquierdo del blog el eslogan que les llevará, directamente, a la web destinada a la promoción de la candidatura.
Y, para los más valientes, existe la posibilidad de contribuir de diversas maneras: hazte Cuidadano 2016; colabora en el programa de Voluntariado Cultural; participa a través de la web, en su blog, sus encuestas o su banco de ideas; o, simplemente, no dejes de informarte con el bolentín de NewSegovia2016 o su "world café" SegoviaExpresso.




Estatua del pueblo de Segovia al comunero Don Juan Bravo.
Plaza de las Sirenas.
(SEGOVIA)

"...y las llamas comuneras
otra vez crepitarán:
cuanto más vieja la yesca,
más fácil se prenderá..."

miércoles, 7 de julio de 2010

La saga/fuga de J.B. (GTB)

Aquella sonrisa rápida, casi secreta, quiere significar que muera el cuento. Pero el señor Poncio desconoce las claves que permiten interpretar la sonrisa de don Acisclo, que siempre es la misma, pero con matices y significaciones múltiples. "No se fije en la mueca de los labios, sino en lo que sucede en las comisuras."

Y claro, como una no tiene bastante con intentar el septiembre que toca esta vez, se enreda con 500 páginas de más.... Lo de siempre... Con tal de no hacer lo que se debe....

lunes, 28 de junio de 2010

Como una herida en el corazón que no me duele.

No es tristeza...
Querer acabar con la agonía de las últimas horas.
Cerrar el álbum de todas las fotografías que nunca hicimos.
Quemarte las manos intentando sujetar el tiempo... Es el "reloj, no marques las horas".
Es un eterno "si-no; si-no"

Es nostalgia...
Ver vacío el decorado.
El seguir caminando, haciéndose la fuerte.
Perder la apuesta de no mirar atrás, al doblar la esquina.
Sentir que desde el asa de la maleta se prolonga un reguero de lagrimillas, cuesta abajo; y como el hilo de Ariadna, cada vez más desgastado, pero incorrupto e impoluto, se pierde en el laberinto de un recuerdo que queda, sin remedio, detrás de nosotros mismos.

O melancolía...
Llorarle la resaca al pobre taxista de turno, entrando por la M30; y, a lo Melendi, oliendo a fiestongo y palmera de chocolate recién hecha.
Montar en el avión y ver por la ventanilla, en duermevela, esa escena de 4 en un balcón. Amaneciendo Madrid...
...é o fim do caminho.

No es tristeza. Es nostalgia. O melancolía.
Porque al recordar, se sonríe el alma.


Hoy "es-tu-día".

jueves, 24 de junio de 2010

24 de junio, San Juan. O mi vida en cajas de mudanza.

Ronda estas fechas el incesante sentimiento de despedida.
Despedida del año que dejo atrás; del curso que se acaba; de los pasos amigos que paran de andar, hacen maletas, y marchan camino a su origen: pasan este paréntesis en la casa del ahorro y la vaguería. Y volver a replantearte la vida, no sé sabe bien para qué, pero con la intención de resolver el nuevo verano y llegar, sanos y salvos a septiembre.
Junio. Finales.
Y Madrid, otra vez, vacío; agotado de calor y de sudores ajenos en sus calles.
Y la mirada que quisieras retener para siempre, vuela en dirección contraria a la del deseo.

Siempre me ha dado miedo pensar si sería para siempre. Un "adiós" definitivo. Parece ser que ahora, no concluyente, pero sí arrastrando un largo exilio.
¿Y ahora? Lejos de los planteamientos post-licenciatura, pienso más en la vida en general post-carrera, post-universidad, post-amigos.
Vuelvo y vosotros os váis... ¿Por qué parece que siempre lo hago todo al revés?

24 de junio. Día de San Juan. En días como éste, mi padre se divierte contándome la historia del día en que nací. "Esa noche, por ser la de las brujas, salía el sol dando vueltas....." Y termina, entre risas, "...así estás tú..." Siempre de acá para allá, como una bala que esquivó lo rectilíneo y prefirió hacer un periplo, por si encontraba algo. Y regresó. De vuelta a la realidad del buscar trabajo para verano, de las vacaciones en familia, de los interminables días al sol en el pueblo, insufribles ratos abanicándose a la sombra, sin sentido, sin principio ni final.
De vuelta a las velas que echan cera sobre la tarta helada que nunca como; a pensar "¿Qué hago yo aquí?" mientras explotan fuegos artificiales desde La Piedad. A cumplir años, otra vez, sin pesar, pero sopesando esto y lo otro en los ratos de melancolía que me alegren mañanas del mes de julio desde la cama.

Hace dos años. Ojalá se pudiese dar marcha atrás dos años. Y volver a ver por primera vez esta casa. Volver a la media de Sobresaliente, sin septimbre ni pagos de terceras matrículas. A la esperanza de un invierno promotedor y feliz. Volver a empezar a conocernos y re-disfrutarlo. Escuchar el hilo musical de la primera mañana las tres, despertándonos con Woody Allen y su clarinete. Cotton club con el café y la película de después de comer. El griterío de Rocío Jurado. Manguerazos de agua y las comidas en la cocina, con el radiocasette de fondo, desde el lavabo. Todo con música. Todo con una banda sonora, especializada en tal o cual momento. Todo transpirando sonrisas y acordes. El pentagrama que escribimos desde los sofás. Desde el escenario inventado para Don Juan, abajo desde el sofá, y Doña Inés, sentada del otro lado; para Frank Sinatra y sus tres coristas; para Martirio, las grandes e inugualables Azúcar Moreno; las coreografías a altas e intempestivas horas mentales.

Los mundos recorridos sin moverse del salón. Porque, en nuestro escondite-universo, tenía lugar y era bienvenido cualquier rayito de sol que se quisiera colar por la venta y compartir palabras; o silencios... Nuestro albergue sin fronteras y lleno de camas: Móstoles, Segovia, Ibiza; Salamanca, Barcelona, la UAX, New York, República Dominicana, Holanda, Argentina.

Mineru, Marceliana, Cascorros de Ledesma.

Literatura, espacio "arquitectura". Momentos autoayuda. Teorías de Chomsky y Alarcos cenando con Nietzsche. Pizarrita y Picasso.

Carpita de circo, zona "chill out"; barra de bar. Sala de juego "apueste y pierda" al mus ;sala de exposicón con las más diversas representaciones artísticas. El proyecto garito: abierto 7/7, 24h.

Lo tibio de tu abrazo los domingos, si librabas, metiéndote en mi cama de 80 sólo para despertarme y llevarme contigo a enredar por ahí, niña hiperactiva e hipocondríaca. Me aburre tanto la quietud desde que tus pasos me enseñaron a pasear hasta el Puente de Segovia... Y subiendo el Paseo de Extremadura, muertas de frío y risa.
El "¡Arriba, vagas!", "¡a comer, que se enfría, niña!"; el "¡venga, que llegamos tarde!"; el "pásamelo" o el "¿Nos vamos a la cama, chicas?"

Hace dos años que el 25 de junio no fue lo que tiene por costumbre. Fue la primera vez que se abría una puertecita tras romper el envoltorio de un regalo. Una puertecita que daba paso a otra, la cual cerrabas y todo quedaba fuera, en el mundo de los otros; y en el nuestro, lo nuestro, nosotros. Lástima que siempre esté demasiado preocupada en los recuerdos o en "el qué será" y me dé cuenta de estas cosas a toro pasado.

Todo parecía que iba a durar para siempre. Y ahora, todo se ha ido, deprisa y sin dejar nada.
(Rafael Chirbes. La buena letra.)

Y todo, ojalá, a cámara lenta...